21/07/15
La empresa química dice que contribuye a solucionar el problema. Los ecologistas lo dudan
Hans Verbraeken, Amsterdam
20 de junio de 2015

Vista panorámica del convento de Sant Benet de Bages y del pueblo de Navarcles, Cataluña central
Cerca de las ciudades Súria y Sallent, 80 kilómetros al Noroeste de Barcelona, hay algunas montañas de sal de unos centenares de metros de altura. Están en el centro de una pugna entre movimientos ecologistas y un gran grupo minero. AkzoNobel, como comprador de la sal. dice ser parte de la solución.
La sal es un residuo de la minería de potasa. La producción de una tonelada de potasa genera de dos a tres toneladas de residuo salino. Quien explota las minas es el grupo español de minería potásica Iberpotash, filial de la israelí ICL (Israel Chemical Limited).
En abril de este año Iberpotash inició una cooperación con el grupo neerlandés químico y de pinturas AkzoNobel para procesar una parte del residuo salino catalán. En dos fábricas, con una capacidad de 750.000 toneladas anuales cada una, los grupos transformarán juntos una parte de la sal residual en sal vacuum de alta calidad para procesos químicos (electrólisis) y en sal especial para alimentación y tratamiento de agua, entre otros usos. Se han constituido dos empresas conjuntas, una para la producción y otra para el embalaje y la venta. Se Cooperarán durante treinta años.
Entretanto, las montañas de sal en Sallent y en Súria constituyen, según el movimiento ecologista, un gran problema. Las escombreras salinizan el suelo y los ríos, como el Llobregat, la fuente de agua potable del área metropolitana de Barcelona, con 3,2 millones de habitantes. Las primeras escombreras se remontan a los años cincuenta, pero desde 1998, cuando Iberpotash compró las minas, han crecido mucho. Los ecologistas también reprochan a la empresa que opere con autorizaciones que no hubieran debido concederse. Que las autorizaciones son controvertidas resulta de un buen número de sentencias y procedimientos contra Iberpotash. ICL refuta las alegaciones.
En el ínterin, la contaminación es tan grave que la Comisión Europea incoó en julio del pasado año un procedimiento de infracción contra España. Bruselas apunta al conjunto de la minería de potasa de Iberpotash en Cataluña.

Escombrera de «El Cogulló», Sallent, Cataluña central
ICL decidió en 2011 ampliar la explotación de potasa en Súria. Obtuvo la autorización para hacerlo, pero sólo a condición de que el residuo salino adicional no acabara en las escombreras existentes. Acto seguido Iberpotash comenzó a construir una fábrica de sal y tras unos años topó, el año pasado, con AkzoNobel.
Ahora esta cooperación plantea interrogantes. Porque, aunque AkzoNobel afirma que transformará toda la sal resultante de la ampliación de la minería potásica, las escombreras existentes seguirán creciendo. La de Súria, El Fusteret, en 900.000 toneladas anuales y la de Sallent, El Cogulló, en más de un millón de toneladas anuales.
Nils van der Plas, Director del negocio de la sal de AkzoNobel: «ICL está obligada a invertir en la producción de sal. Nosotros aportamos los conocimientos para hacerlo de una forma responsable. El residuo tendrá un valor añadido. Nosotros podemos contribuir a que las escombreras, a pesar de la ampliación, no sigan creciendo. De esta forma el problema se vuelve controlable.»
Según diversos movimientos ecologistas locales, AkzoNobel justamente contribuye al problema. El grupo se beneficia de la enorme contaminación ambiental. Akzo obtiene la sal a un precio atractivo porque Iberpotash incurre en pocos gastos para prevenir la contaminación. Y eso tratándose de un grupo que dice tener en muy alta consideración la sostenibilidad y enfatiza con aplomo sus «sustainability strategic targets».
Van der Plas reconoce el problema medioambiental hasta la fecha. «Bonito no es. Puede que esté claro que ICL aún no está a la altura. Pero la solución está más cerca. Si no lo hacemos, ¿es que se reducirán las escombreras?»
Van der Plas también reconoce que «la fábrica de sal está subvencionada por el negocio de la potasa. Sino, jamás sería viable.» Sin duda por los elevados costes de transporte.
En cuanto a la validez de las autorizaciones y a cómo se concedieron, quiere ser práctico. Dice conocer el «procedimiento de autorización no precisamente claro, en el cual influyeron todo tipo de intereses.» AkzoNobel encargó un informe de due-diligence a Ernst & Young. «Las autorizaciones requeridas para ampliar la producción de sal están en regla. Nos atenemos a los hechos y miramos hacia adelante.»
Sin embargo, las autorizaciones de Iberpotash son objeto de largos procedimientos judiciales. Así, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña constató en octubre de 2013 que al fin y al cabo Iberpotash no disponía para Sallent de una autorización válida. Esa sentencia se halla ahora ante el Tribunal Supremo, ante el cual recurrieron Cataluña e Iberpotash. Pero el propio Tribunal Supremo declaró parcialmente nula la autorización ambiental de Iberpotash en Sallent en marzo de 2014, en un asunto que se inició en 2008. El Tribunal echa en falta un «plan de restauración» para los residuos. De esta forma queda anulada la autorización de Sallent, pendiente de que actúe Cataluña.
Resulta de documentos de un expediente judicial que alguna administración de Cataluña describió en interno la contaminación debida a Iberpotash. Por ejemplo, la Agencia Catalana del Agua (ACA) y la Dirección General de Calidad Ambiental (DGQA). A pesar de esos informes internos negativos, las autorizaciones se concedieron.
Se ha presentado una querella criminal contra los directores de la ACA y de la DGQA; contra Iberpotash; y contra dos de sus altos directivos. Un juez de instrucción consideró fundada la querella y el 3 de junio imputó a los afectados por prevaricación. Declararán el 29 de septiembre. En diciembre de 2014 un juez penal de Manresa, la capital comarcal, incluso condenó a tres directivos de Iberpotash a dos años de cárcel.

Escombrera «El Cogulló», Sallent, Cataluña central
©Het Financieele Dagblad
Traducción publicada con la amable autorización del diario